Independizarse de las circunstancias

«¡Ay! Qué difícil es para un hombre mejorar cuando sólo tiene malas influencias… ¿Llegará algún día en que ya no dependa de las circunstancias? A mi entender, la perfección consiste en eso.[…]

Mi principal error… es que he confundido el perfeccionamiento con la perfección. Hay que empezar por conocerse bien a uno mismo, conocer sus defectos e intentar corregirlos, en lugar de proponerse como meta la perfección, que no sólo es imposible de alcanzar en un punto tan bajo como en el que estoy, sino que … te priva de toda esperanza de poder alcanzarla.»[1]

¡Qué circunstancias tan desesperantes! Las cosas están mal, en realidad llevan mucho tiempo mal pero ahora… están empeorando: Bárcenas roba, el gobierno está compuesto por una piara de ignorantes, hay mucha gente sin trabajo, hay guerras, hambre, desahucios, injusticia social, racismo, xenofobia, nacionalismos cerriles, contaminación hasta en la sopa, calentamiento global, etc., etc…
También hay sobreinformación, ¿qué es lo que nos mantiene todo el día enganchados a nuestras pantallas? ¿el mainstream este de mierda? Es desesperante, delirante, alienante, alucinante, pero sobre todo ¿para qué sirve? Para tenernos acojonados, paralizados, superados, en definitiva, por las circunstancias.
También estamos absolutamente convencidos de que las cosas son así, ¡lo dice en todas partes! Y por desgracia no somos capaces de salir de las circunstancias, no podemos sobrevolarlas, verlas desde lejos, por muy chungas que sean, ¿por qué? ¿por qué estamos viendo lo de fuera y no lo de dentro? Si no podemos hacer nada por lo de fuera, o sea, cambiar las cosas, ya digo que estamos seguros de ello; ¿por qué no hacemos algo con lo de dentro como nos dice Tolstói?
Independizarse de las circunstancias es difícil, hemos caído en este mundo como decía Heidegger, vivimos en la sociedad de la información, pero esto sólo nos vale para tener malas influencias, malos pensamientos, malas intenciones, mala hostia. Así es imposible conseguir nada bueno porque lo primero que nos viene a la cabeza al hablar de nuestras circunstancias es hijos de…, habría que…, chorizos, cabro…, zorr…; y tenemos conversaciones que son cansinas, monótonas, pesimistas hasta el hartazgo.
Si perseveramos en nosotros mismos sin hacer mucho caso a lo de los demás, es muy probable que nos encontremos más optimistas, más fuertes, más preparados para emprender algún tipo de acción, cosa que ahora nos resulta intolerable pensar. Mejorarse uno mismo ya es un modo de pasar a la acción. Lo que va antes de el actuar es el pensar, el meditar las cosas, el tener siempre buena voluntad como quería Kant. Es de nuestra mejora personal de donde surgen las esperanzas, cualquier tipo de esperanza.
¡Ah! y si estás pensando que soy una egoísta, vale, para ti la perra chica… ¿Y ahora qué? ¿seguimos como siempre? ¿paralizados por las circunstancias?

[1] Leon Tolstói. Tatiana Tolstói. Sobre mi padre. Ed. Nortesur. Barcelona. 2010. Pag. 15.

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