Philosophia

Pienso luego existo gracias a Descartes.

Persigo ideas como Freud para ver adónde llevan.

Sigo como un dios a la naturaleza imitando a Cicerón.

Me atrevo a saber como Kant.

He consagrado mi vida a la verdad siguiendo a Schopenhauer.

Tiré la escalera que usaba Wittgenstein para subir al mundo de los conceptos.

Vuelvo a la pureza de la vida, si bien en una reflexión que se eleva sobre ella, igual que Husserl.

Sólo sé que no sé nada por Sócrates, el iluminado.

Me salto las barreras del saber emulando a Derrida.

Comprendo, cada día, la banalidad del mal que descubrió Hannah.

Contemplo, cada día, la idea platónica del bien.

¡Veo cosas que jamás creéis!

Soy una anormal que piensa: me hice la pregunta por el ser porque me lo rogó Heidegger.

Pero sobre todo: no me confundáis con otro, que pedía Nietzsche.

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¡Aún dicen que el pescado es caro!

ImagenHay días que me echo a la calle a ver dónde aparezco. Por algún extraño motivo o simple zapatofilia, suelo ir a parar al principio de la calle Montera, a la muy fascinante Zapatería Gredos. Estaba mirando una de las estanterías del fondo y una señora me confundió con la dependienta, me pidió que le acercara un par de zapatos esmeralda. Se los di, le alabé su buen gusto y, en seguida, me sonó su cara.
-¿No será Ud. Rrose Selavy?
-Sí.
No podía creérmelo así que me senté a su lado y le dije que cómo era posible que hubiera cobrado existencia.
-¡Oh! Querida, ni yo misma lo sé… ¿O es que sabe Ud. el cómo de su existencia?
-No, no, tiene razón, qué pregunta absurda y qué alegría me produce conocerla, admiro mucho a su padre.
-Sí, soy simplemente, por así decir, una de sus criaturas. Tuvo muchas, no sólo la famosa Fuente, que era un tanto ordinaria…y además, que era de Mr. Mutt.
-Pero ¿Qué hace Ud. en la calle Montera y hablando perfecto castellano?
-Me gusta mucho esta zapatería, me encanta España por su clima, su optimismo… y sobre todo, me gusta el español por Don Quijote. No sé, tiendo al quijotismo, lucho con molinos, amo puramente, vivo como si no hubiera un mañana, la vida es una aventura…  Eso que dice el bueno de Alonso Quijano de:  La mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía…
– O sea  ¿Ud. canta por bulerías para que le partan la boca?
-Básicamente… como dirían los Pata Negra… Es mi especialidad.
Los zapatos le quedaban muy monos, se lo dije y ella que no se los iba a llevar, que sólo iba a la tienda a pensar.
-¿A pensar? Qué agradable coincidencia.- Y se me iluminaron los ojos.
-¿Piensa Ud. también? y ¿en qué? Si me permite la pregunta.- me dijo suavemente.
-Hoy, ahora, en esta zapateria, al haberla conocido… Me ha venido a la mente el Dadaismo y su lema: Libertad DADA, DADA, DADA…
-Sí, en el pensamiento no nos pone obstáculo ningún límite.
-¡Ya lo sé! – Le dije muy contenta y poniéndome de pie en un enérgico salto.-¡Es el lema de mi blog!
-Edmundo, Edmundo, ¡qué hombre querida!
-¿Lo conoció Ud.?
-Vaya que si lo conocí, pero no querría aburrirla con mis historias, Ud. tendrá que trabajar.
-No se crea…yo no trabajo aquí, es más, es que no tengo trabajo, bueno ¡qué digo! Sí que lo tengo pero es que es muy raro…
Me miró intrigada con sus penetrantes ojos verdes y me preguntó a qué me dedicaba.
-Bueno, verá, quiero mundanizar la filosofía.
-Efficit hoc philosophia, medetur animis. (La filosofía hace esto: cura los espíritus).- Me soltó con alegría.
A lo que le respondí: – Sapere aude… (Atrévete a saber). Y ella: Credo ut intelligam. (Creo para comprender). Y yo: Noscete ipsum. (Conócete a ti mismo). Y ella: Timendi causa est nescire. (La ignorancia causa el miedo)…Etc., etc… Porque seguimos así, cada vez más enfervorecidas, de pie y como sobreactuando; hasta que al final, con muchísima delicadeza, nos invitaron a proseguir en la calle.

Si te narro esta milongota, (entre otras cosas) es, porque Rrose y yo ¡somos amigas! Y dice que ¡me quiere ayudar en el curro!

¡A las cosas mismas!

Vale, lo alucino, eso es lo primero: últimamente me he dado cuenta de que las palabras y las cosas se han desconectado, se habla con palabras vacías, en realidad lo que se dice no se sabe, y no hablemos ya de lo que se hace…

¿Qué es saber algo? Creo que es una pregunta que no nos hacemos pero es imprescindible, los humanos estamos hechos de conocimiento, vivimos gracias a él.

«Sin sensibilidad, no nos sería dado objeto alguno; y sin entendimiento, ninguno sería pensado. Pensamientos sin contenido son vacíos, intuiciones sin concepto son ciegas.»[1]

El conocimiento es algo orgánico cuando es conocimiento, es decir, forma parte de nuestra experiencia en la vida.
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